Translate MuPsicoterapia

15 oct. 2011

Amusia


En la actualidad ignoramos la «finalidad biológica» que tiene la música, probablemente su función biológica fundamental sea de cohesión social y su ventaja no sea individual sino del colectivo. Aunque  sólo algunos individuos se convierten en expertos músicos todos tenemos experiencia de ella, llegando incluso a convertirnos en ávidos oidores desde la infancia.

En cada cultura la vivencia que produce la música es similar. Establece un sistema de comunicación dirigido primariamente a la afectividad del oyente, pudiendo despertar respuestas emotivas en un sujeto no especialmente educado para la audición musical, aunque se podría decir que todos padecemos en cierto modo una «amusia cultural» para la percepción de ciertas melodías que son muy apreciadas en una cultura pero extrañas en otras.

Se define como amusia el defecto neurológico que supone una alteración en la percepción auditiva, lectura, escritura o ejecución musical y que no es debido a alteraciones sensitivas o motoras. El término suele reservarse para aquellos defectos que aparecen aislados y se deben a una lesión focal  o al menos inicialmente focal, siendo menos utilizado cuando el defecto se relaciona  con una demencia o con una enfermedad psiquiátrica. Se utiliza el término amusia congénita para describir a los sujetos que son incapaces de reconocer las melodías o discriminar la diferencia entre los tonos, sin presentar ningún otro defecto neurológico y habiendo tenido una adecuada exposición al ambiente musical(3).


Si entendemos por «lenguaje» la facultad humana de poder comunicar sus pensamientos o sentimientos, el término amusia puede implicar déficits «lingüísticos», especialmente para los sujetos que han recibido algún grado de escolarización en ese campo.  Por otra parte la ejecución de una partitura requiere una importante actividad de entrenamiento que facilite una automatización del acto motor para que sea fluida y armónica ya sea utilizando un instrumento o la propia voz.


Dado que para el procesamiento de la información musical se requiere la participación de ambos lóbulos frontales y temporales, pudiendo aparecer amusia por lesión de cualquiera de ellos de forma uni- o bilateral, probablemente si se explorara tan sistemáticamente como el lenguaje o la actividad motora, comprobaríamos que es un problema mucho más frecuente de lo que pensamos.


Es importante entender a qué nos referimos cuando utilizamos la palabra música. Si la definimos como «el arte de combinar los sonidos en el tiempo», cualquier tipo de sonido producido por cualquier objeto, utilizado de forma adecuada, puede ser interpretable como música, y se caracteriza por la combinación de diferentes tonos (cuya variación en una sucesión determinada produce la melodía), en una secuencia de tiempos de duración variable (ritmo) y diferenciados en diferentes timbres (debidos a los diferentes armónicos producidos por cada instrumento), pudiendo elaborarse a diferentes velocidades.

Las amusias son algo más que agnosia, aunque en general los pacientes con agnosia auditiva presentan también algún grado de amusia, especialmente los pacientes con agnosia de contenido no verbal, sin embargo existen pacientes con agnosia para la música que pueden identificar otros sonidos no verbales o que pueden identificar la música pese a la dificultad para comprender sonidos medioambientales. Todo ello sugiere que existe un proceso más o menos específico y diferenciado tanto para la música como para los sonidos medioambientales o los sonidos de contenido verbal.

Al igual que sucede con las agnosias auditivas, es importante recordar que la representación de los estímulos auditivos, es bicortical, con variabilidad entre los diferentes sujetos y con un cierto grado de preferencia de representación contralateral, por ello es frecuente que al igual que en otras modalidades de agnosia auditiva aparezca tras lesiones bitemporales, pese a que hay casos descritos por lesión unilateral. En este sentido es importante hacer notar que el hemisferio derecho probablemente realice procesos más simples como la extracción del tono, pero los procesos más complejos, como la organización melódica y rítmica, requieren la actividad del hemisferio izquierdo.


La identificación de la melodía de una pieza musical bien conocida se basa principalmente en el reconocimiento de la correcta alternancia de los tonos con una distancia relativa entre ellos lo que nos permite discriminar entre los más agudos y los más graves; esta distancia debe conservarse aunque cambiemos el tono de partida, no es tan importante que la nota inicial sea «do» o «fa» si las distancias relativas con las notas siguientes es la misma, en ambos casos identificaremos la misma pieza ya que conservará el mismo esquema melódico. Posteriormente necesitaremos identificar la melodía en nuestro repertorio de melodías conocidas al igual que necesitamos identificar lexicones con nuestro lenguaje verbal, lo que implica la existencia de una representación abstracta y un sistema de almacenamiento de tonos que el sujeto es capaz de reconocer.

Probablemente sonidos con características comunes o frecuencia similar se agrupen  como un único objeto auditivo. Un cambio en la velocidad de emisión, en el timbre del instrumento o en el ritmo no produce una distorsión significativa en el reconocimiento de la pieza, un error en la secuencia de los tonos será reconocida como extraña a la pieza y si es lo bastante importante podrá llegar a impedir su identificación.


Con respecto a la percepción del propio componente básico de la melodía, el tono, aún no conocemos con exactitud el mecanismo utilizado. Salvo los escasos sujetos que poseen la capacidad para discriminar y por tanto nombrar correctamente un tono oído aislado que es lo que se denomina «tono absoluto», no percibimos los tonos puros y aislados (que serían independientes del contorno melódico), es su secuenciación más o menos rápida lo que nos permite diferenciar distancias relativas entre un tono y el siguiente, por tanto percibimos fundamentalmente unidades de agrupación de tonos que de alguna manera se comportan de modo similar a una palabra compuesta por la agrupación de diferentes sonidos (letras).

De este modo una partitura se compone de «motivos», que se agrupan en «frases» acentuadas de una manera determinada, lo que permite identificar el componente de temporalidad del mismo, y que son perfectamente identificables cuando reaparecen en el curso de la pieza aunque sean modificadas en el resto de los componentes «no básicos» (ritmo, timbre, etc.).

También se elabora de forma separada la percepción del proceso temporal de la melodía, aunque posteriormente se integran ambas informaciones para la secuencia musical.  Existe un caso publicado de un músico que tras un infarto temporoparietal derecho sufrió una amusia con dificultad para discriminar y reproducir nuevos ritmos, lo que sugeriría que el lóbulo temporal derecho tiene una mayor actividad para esta función,

Es obvio que esta habilidad de percepción de intervalos de tiempo es independiente del conocimiento técnico de la música y que el entrenamiento puede facilitarnos su adquisición, permitiendo así reproducir secuencias de intervalos dando lugar a la habilidad que en España se denomina «cantar de oído». Es importante recordar que la ligera modificación de estos intervalos de tiempo como alargar el final de una frase, ralentizar un pasaje, etc., facilita el componente emotivo en la expresión de la música, por esta razón se puede elaborar una interpretación musical muy emotiva sin necesidad de ser un «conocedor escolarizado» de la misma.

De hecho, al menos en el entorno cultural de los autores, los intérpretes de canción muy popular y con un marcadísimo componente pasional (el ejemplo más típico es el de la música flamenca) suelen contar que han aprendido a cantar oyendo a «sus mayores» y nunca han estudiado música. Su capacidad de transmitir afectividad es incluso más alta que en músicos escolarizados. Es posible que esto pueda estar facilitado por su mayor utilización del hemisferio derecho a la hora de elaborar su actividad musical con respecto a los músicos escolarizados para el lenguaje musical, que utilizan componentes más analíticos en el proceso de percepción de la música con participación del hemisferio izquierdo.

Los estudios realizados comparando la percepción de la melodía entre músicos y no músicos demuestran que los músicos tienen una mejor percepción de la melodía con el oído derecho mientras los no músicos muestran una dominancia en la percepción por oído izquierdo probablemente porque esta función se procese de modo diferente en ambos. Si tenemos en cuenta que los músicos pueden discriminar la diferencia existente entre dos tonos con precisión es probable que identifiquen las secuencias melódicas utilizando su capacidad de distinguir intervalos (actividad más característica de hemisferio izquierdo), mientras que los no músicos perciben la melodía de forma más holística (lo que se ha definido como el contorno de la melodía) motivo por el que se encuentra una diferencia entre ambos  grupos en la dominancia de los hemisferios cerebrales a la hora de procesar la melodía.

La música para un sujeto «escolarizado» en ella, tiene todas las características que definen un lenguaje, por lo tanto lo más racional sería considerar que los músicos son sujetos bilingües, presentando la peculiaridad de que utilizan un lenguaje de escritura alfabética y otro en el que el componente visuoespacial es primordial. La escritura musical no puede ser considerada ideográfica en sentido estricto, por lo que las amusias de los músicos realmente tienen un comportamiento similar a algunas afasias de los bilingües. En los profesionales escolarizados en el lenguaje musical las lesiones afectan al hemisferio izquierdo, en el caso de músicos (profesionales o no) que no pueden leer o escribir música la lesión afecta al hemisferio derecho.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Extracto del artículo "Música y cerebro" de la. Doctora María Sagrario Barquero Jiménez, Facultativa Especialista de Área de la Unidad de Patología Cognitiva del Servicio de Neurología. Hospital Clínico San Carlos. Madrid.

2 comentarios:

Olidammara dijo...

Me ha gustado, pero quizás demasiado largo para un blog.
Un saludo.

Lucas dijo...

Llevas razón, pero me pareció tan interesante el artículo... Aun así, el original es el doble de largo